¿Yoga físico o espiritual?

¿Yoga físico o espiritual?

¡Hasta hoy nadie ha establecido la línea de demarcación donde termina el cuerpo y empieza la mente, o donde termina la mente y empieza el espíritu!

B.K.S. Iyengar

Según Iyengar las diferentes capas o cuerpos (śarīras)  del ser humano permanecen entrelazadas. Si realmente comprendemos esto nos resultaría difícil establecer diferencias entre lo que llamamos estilos o escuelas de yoga. No obstante muchos hablan en términos de yoga físico o yoga espiritual: si se trabajan las posturas se trata de yoga físico; si se trabaja la meditación es yoga mental o espiritual.

Iyengar afirma que si se practican las āsanas de manera correcta (todos sus niveles) se llega a alcanzar la bienaventuranza del yoga. Se trabaja desde el cuerpo anatómico para alcanzar el alma. ¿Acaso cuando meditamos no establecemos previamente una postura? O si practicamos yoga mental o espiritual, ¿realmente trabajamos directamente desde la mente o el espíritu?

Si tomamos la definición de āsana de Los Yoga sūtras, lo que Patañjali define como āsana es una postura firmemente establecida que nos brinda serenidad y contento. Iyengar dice que la ejecución de un āsana debe ser iluminadora.

tra II.46 sthira sukham āsanam

Āsana es firmeza corporal perfecta, estabilidad de inteligencia y benevolencia de espíritu

Establecer la postura no implica un proceso cómodo. Se necesita disciplina y atención para penetrar en lo más profundo de nuestro cuerpo. Para establecerse, el āsana necesita de la cooperación entre el cuerpo y la mente

Muchos tienden a diferenciar entre las āsanas que se practican para llevar salud al cuerpo y las que se utilizan para la meditación. Pero aún las posturas sentadas que utilizamos para la meditación requieren correcciones. Se necesita la tonificación y fortaleza del cuerpo y la atención de la mente para permanecer en ella el tiempo deseado, serenos de mente y sin dolor físico.

En cualquier postura sentada que utilicemos para meditar necesitaremos:

- Una correcta colocación del cuerpo externo (continente) para modificar el interior (contenido).

- La columna debe erguirse vértebra a vértebra para llevar espacio al abdomen y al pecho. La columna sostiene al tronco y bien colocada ayuda a que nuestra energía fluya sin bloqueos.

- El abdomen espacioso ofrece descanso a los órganos internos y elimina tensiones.

- La caja torácica precisa de la ayuda de brazos, hombros, omoplatos y columna dorsal para expandirse a lo ancho y a lo largo, para abrir su circunferencia desde la parte inferior a la superior, de manera que los pulmones se puedan expandir y el diafragma se mueva con libertad.

- La base del cráneo y la garganta deben permanecer relajadas.

- El cerebro receptivo y la respiración tranquila y profunda para que la energía pueda fluir sin obstrucciones durante el proceso de la respiración (cuando practicamos prāṇāyama) y distribuirse equilibradamente nutriendo cada parte de nuestro cuerpo.

- La piel suave: se trata de nuestro órgano más externo. La piel envía mensajes al cerebro y a la mente. La inteligencia observa y discrimina la información que juzga de apropiada o incorrecta.

Las acciones deben ejecutarse sin agresividad, en armonía, de esta manera integramos el proceso de acción y reflexión, aplicando los principios de yama y niyama.

Los órganos de los sentidos se van separando del exterior para observar, escuchar y percibir cada zona del cuerpo interno, de la mente, de la inteligencia, las emociones y sentimientos.

¿Es acaso este proceso plenamente físico o necesita de la cooperación íntegra de todo el individuo?

Las āsanas se tornan meditativas (todavía no puede considerarse que se está meditando), la inteligencia se va acercando al núcleo del Ser.

Cuando se coordinan y unifican las acciones  desde la correcta ejecución de las posturas se experimenta el fluir de la energía y la percepción consciente de manera uniforme y sin interrupciones, de manera centrífuga y centrípeta. Esta es la  manifestación de dhāraṇā y dhyāna.

Cuando se logra la perfección en el āsana Patanjali dice que el practicante no es perturbado por las dualidades.

tra II.48 tataḥ dvandvāḥ anabhighātaḥ

A partir de entonces el practicante no es perturbado por las dualidades.

Es uno en cuerpo, mente y alma. Se encuentra en estado de beatitud. Se pierde la percepción de la dualidad y se eliminan los movimientos (vṛtti) que perturban la consciencia (citta).

¿Por qué entonces distinguimos entre  yoga físico y espiritual?

La disciplina del yoga es única. No hay un yoga físico, uno mental o uno espiritual. Las diferencias las establecemos los seres humanos a la hora de explicar o desarrollar un sistema. Disociamos lo que debe ser una unidad. Un conflicto de palabras y significados es lo que generamos en lugar armonizar criterios. Creamos dualidad en todo lo que nos rodea (política, religión, cultura…) y por supuesto también intentamos diferenciar el yoga y clasificarlo. Estas diferencias no son más que parloteo del intelecto, enfrentamientos en un mismo sendero que nos conduce a la iluminación.

El propósito del yoga no es otro que despertar al ser Interno. Transformar al buscador en el que ve.

Escrito por Laura Cao

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